La agenda de los directorios está cambiando más rápido que sus propias prácticas. Las últimas reflexiones del Foro de la Facultad de Derecho de Harvard sobre Gobierno Corporativo muestran un escenario global tensionado por la alta rotación de CEO, la irrupción de la inteligencia artificial en la sala de juntas y un creciente escrutinio sobre la efectividad real de los directorios. Mientras que, en Chile, los estudios del Instituto de Directores de Chile (IdDC) revelan avances, pero también brechas que marcarán el debate de 2026.
Sucesión del CEO
Con lo que respecta a la sucesión del CEO, Harvard advierte que reaccionar de forma precipitada a estas presiones rara vez crea valor, ya que sumar un cambio de liderazgo a un entorno incierto suele desestabilizar más. La recomendación es que la sucesión debe ser un proceso continuo, con perfiles definidos, reservas de talento y conversaciones abiertas con el CEO actual.
En Chile, según el III Informe de Equidad y Buen Gobierno Corporativo realizado por el IdDC y la Fundación ChileMujeres muestra que solo el 67% de las empresas declara contar con planes de sucesión, mientras casi una de cada cuatro no los tiene. La mirada local sigue centrada en la continuidad operacional y la mitigación de riesgos, más que en la sucesión como palanca estratégica.
La IA entra al directorio
Según lo publicado por Harvard, un 35% de los directorios encuestados ya utiliza inteligencia artificial para resumir información, analizar datos o apoyar la planificación de escenarios. La universidad norteamericana describe el uso de la IA como un socio estratégico capaz de reducir la asimetría entre gerencia y directores, aunque advierte riesgos de sesgos, confidencialidad y dependencia excesiva. Por eso, propone protocolos formales y capacitación permanente.
El panorama chileno es más incipiente. El estudio de Madurez Digital del IdDC y Brinca muestra que la IA aparece en proyectos puntuales: 41% la aplica en iniciativas específicas y 37% en herramientas organizacionales, pero solo 10% de los directores la considera una prioridad estratégica. Menos de un cuarto de los directorios tiene discusión sistemática, comités especializados o asesoría experta. La tecnología está en el radar, pero aún no en la gobernanza.
Evaluar para mejorar, no para cumplir
Otro punto crítico es la evaluación del propio directorio. En Estados Unidos crece la presión de inversionistas por procesos más exigentes, con facilitadores externos y planes de acción vinculantes. Según la Encuesta Anual de Directores Corporativos 2025 de PwC la mayoría de los directores cree que algún miembro de su mesa debería ser reemplazado, pero también que las evaluaciones actuales aportan poco valor.
En Chile la brecha es evidente: solo el 22,9% de las empresas reporta evaluaciones externas del directorio, pese a que la normativa las recomienda. Sin retroalimentación independiente, la renovación se vuelve lenta y la rendición de cuentas, débil. Convertir la evaluación en un motor de mejora continua es quizá el cambio cultural más difícil.
Para Fadua Gajardo, directora ejecutiva del IdDC “la evidencia internacional sitúa al directorio como arquitecto del futuro: gestor de talento directivo, usuario inteligente de IA y responsable de su propio desempeño. En Chile, la prioridad sigue siendo la estabilidad: contar con planes, incorporar tecnología de forma gradual y cumplir con buenas prácticas. La pregunta no es si los directorios chilenos enfrentarán cambios disruptivos, sino si estarán preparados para dirigirlos”.
“La agenda 2026 exige dar un salto. Profesionalizar la sucesión con enfoque estratégico, establecer marcos de gobernanza para la IA y adoptar evaluaciones independientes no son lujos regulatorios, sino condiciones para competir. Se puede liderar este tránsito con estándares, formación y metodologías que acerquen la práctica nacional con los directorios de las empresas reconocidas internacionalmente», agrega Fadua Gajardo.
