El interlocking —la participación simultánea de una misma persona en los directorios o cargos ejecutivos relevantes de dos o más empresas— es una figura que puede derivar en una infracción a la libre competencia. Según Nicole Nehme, socia de FerradaNehme, el primer deber de todo directorio es entender de qué se trata.
Nehme entregó este diagnóstico en una charla dictada en el Instituto de Directores de Chile (IdDC), instancia donde hizo hincapié en que los directorios necesitan entender esta figura no como un tecnicismo legal, sino como un riesgo concreto de gobierno corporativo.

La regla dura
La ley chilena distingue distintos escenarios. El primero es el interlocking horizontal directo, donde una misma persona ocupa simultáneamente cargos de director o ejecutivo relevante en dos o más empresas que compiten entre sí en el mismo mercado. Este caso está prohibido de manera absoluta —una regla per se, en el lenguaje de la libre competencia—, lo que significa que no admite justificación ni análisis de eficiencias. En este sentido, Nehme explica que la solución es igualmente simple: elegir uno de los dos cargos y renunciar al otro.
Otros escenarios más complejos y, según Nehme, también más frecuentes en la práctica chilena son el interlocking vertical —cuando alguien es director tanto en un proveedor como en su distribuidor—, el interlocking indirecto de tipo matriz-filial —cuando se es director en la matriz de un grupo y en la filial de otro grupo cuyas filiales compiten entre sí— y el interlocking por parentesco, donde no es la misma persona sino familiares quienes ocupan los cargos en empresas rivales.
Estos casos no constituyen infracciones automáticas, pero tampoco están exentos de riesgo. Requieren un análisis caso a caso que pondere los riesgos de lesión a la competencia frente a las eventuales eficiencias que la estructura pueda generar. Y en ese análisis, la responsabilidad puede recaer no solo en el director, sino también en la empresa que lo tiene en su directorio.
El problema de la información
Detrás de casi todas las formas de interlocking existe un mismo peligro: el intercambio de información comercial sensible. Un director que conoce los planes de precios, la estrategia de clientes o los márgenes de una empresa competidora tiene en sus manos un insumo que distorsiona la competencia, aunque nunca haya firmado un acuerdo colusorio explícito. Por eso la regulación no solo mira quién ocupa qué cargo, sino qué información fluye a través de esas personas.
Las instancias de riesgo son más variadas de lo que podría parecer. No se trata solo de reuniones formales de directorio: también los encuentros informales en ferias y seminarios, la rotación de trabajadores entre empresas competidoras, los reportes de mercado con datos recientes e individualizables, o incluso las relaciones comerciales cotidianas con proveedores y clientes comunes pueden convertirse en canales de filtración de información sensible.

Lo que debe hacer un directorio
Para Nehme, una de las soluciones para prevenir situaciones como las mencionadas anteriormente, es un enfoque en dos tiempos. El primero es el diagnóstico: cada director debería completar un formulario declarando en qué otras empresas ejerce funciones, dado que la información pública no siempre está disponible ni sistematizada. Con ese mapa sobre la mesa, la empresa puede identificar qué tipos de interlocking existen y evaluar su nivel de riesgo.
El segundo tiempo es la acción preventiva. Para los casos que no constituyen infracción per se, pero sí generan exposición, propone la creación de protocolos de libre competencia, restricciones al acceso de ciertos tipos de información según el cargo que se ocupa, reglas de inhabilidad que obligan al director a retirarse de sesiones en que se traten materias que afecten a la otra empresa en que participa, y declaraciones juradas anuales de cumplimiento. No se trata de elegir entre eficiencia y cumplimiento, sino de diseñar estructuras que permitan ambas cosas a la vez.
El mensaje para los directorios es incómodo pero necesario: la ignorancia de la figura no es una defensa válida. Y en el caso más grave, ni siquiera la buena fe lo es.
