Por Fadua Gajardo, directora ejecutiva IdDC
Hace tiempo que vengo dándole vueltas a una idea incómoda: muchos directorios hoy creen que están funcionando bien, pero no necesariamente están creando valor. Esto no es menor. Si uno mira en frío, los avances han sido importantes. Hay más comités, más regulación, más formalidad, más orden. En general, los directorios cumplen bien.
Pero cumplir no es gobernar. Gobernar es tomar decisiones que mueven la aguja. Es anticiparse e incomodar cuando es necesario. Es decir “esto no es suficiente” cuando todo parece estar bajo control.
En la práctica, vemos directorios que operan correctamente: revisan informes, siguen la agenda, hacen las preguntas esperadas. Pero no tensionan la estrategia ni desafían a la administración. Terminan validando más de lo que cuestionan. Funcionan, pero no transforman. Y eso, es un problema.
Hoy enfrentamos decisiones cada vez más complejas: IA, ciberseguridad, presión regulatoria, expectativas sociales, incertidumbre económica y contexto geopolítico. No basta con “hacer bien la pega”. Se necesita criterio, profundidad y, sobre todo, coraje.
Sin embargo, en muchos directorios sigue primando la lógica de la armonía. Se evita el conflicto, se cuidan las formas, se privilegia el consenso. Y el consenso no es malo. El problema es cuando se vuelve automático, cuando nadie tensiona ni levanta la mano para decir “no estoy de acuerdo”. El riesgo no es equivocarse; es volverse irrelevante. Un directorio que no incomoda ni cuestiona, deja de ser un espacio de decisión estratégica y pasa a ser una instancia de validación. Y eso no es gobernanza.
Hoy los directorios tienen más información que nunca, pero eso no garantiza mejores decisiones: se pierde el foco y lo estratégico se diluye. No se trata de acumular datos, sino de hacer mejores preguntas. Y eso es profundamente humano.
Por eso, cuando hablamos de efectividad, hablamos de cultura. De cómo se conversa. De cuán incómodo estoy dispuesto a ponerme en una sesión. De si realmente agrego valor o simplemente cumplo. Hay que decirlo con claridad: no todos los directorios están hoy a la altura de lo que sus empresas necesitan. El problema no es reconocerlo, sino no hacerse cargo.
Ahora bien, esta no es solo una conversación de directorios, sino de accionistas. En abril tenemos las juntas que, aunque a veces se viven como un trámite, son momentos decisivos del año. Ahí se define quién se sienta en la mesa, qué capacidades entran y cuáles no: en el fondo, el nivel de ambición del gobierno corporativo. Entonces, ¿seguiremos eligiendo directorios que cumplen o directorios que realmente crean valor?
Elegir por confianza o cercanía puede ser cómodo, pero tiene un costo: decisiones que no se toman, oportunidades que se pierden y riesgos que no se anticipan. Los accionistas pueden cambiar esto: exigir más, mirar distinto, elegir mejor. Un directorio que no agrega valor deja de ser una fortaleza y pasa a ser un riesgo. Aunque muchos creen que están funcionando bien, ya no se trata de eso. Se trata de si están preparados para lo que viene. Esa respuesta, nos guste o no, empieza en la próxima junta de accionistas.
